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Y como el fuego

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 Y como el fuego que brota de los poetas, que emerge de la tinta y se eleva a la divinidad, esa es tu magia, el fuego un fuego que no cesa, un fuego que  calienta en las cenizas de la hoguera un fuego que enciende países y se consume  en la prosa inquieta. Y como el fuego avivas las metáforas más sinceras que buscan salir para profundizar  con los buenos poemas. Y como el fuego que arrastra el jazz y se carcome en las calles ciegas. Y como el fuego tus curvas perfectas se pierden en mi locura plena, en una letargo de estasis y placer amena. Y como el fuego enciendes mi alma que parece nunca apagarse  cada vez que llegas.

Anónimo

Anónimamente te he vuelto a decir te amo en un vaivén de emociones que al día  siguiente deja de ser un te amo para ser un vuelve. Anónimamente visité tu tumba esa tumba que no hicimos nosotros sino el verbo que dejo de ser. Anónimamente tomo fotos de aquellos lugares que antes de ser de la vida fueron nuestros. Anónimamente sigo escuchando  aquel Gardel, sí, ese Gardel con el que tantas veces nos perdimos y anónimamente te sigo diciendo  que por una cabeza, todas las locuras su boca que besa, borra la tristeza, calma la amargura.

Nunca te convertí en poesía

Nunca te convertí en poesía porque no lo necesitabas. Cada palabra, cada noche brindada era como la más fina parábola que esperaba y nunca terminara. Nunca te convertí en poesía  porque eras más que letras  y más que rimas pensadas.  Nunca te convertí en poesía para que los poemas  no te celaran. No  no fuiste poesía  porque para esto  nunca hubo palabras

¿Y quién me robo el corazón?

La música, el arte, las tragedias las veinte mil lenguas en submarino y los trayectos recorridos con ese amor. Cada cosa, cada instante, cada sonrisa  me robaron el corazón.  Su sonrisa en la mañana, el tango los besos y el adiós, cada  forma descontinua de la realidad y cada noche de amor.  ¿Y qué me robo el corazón? Las notas del pianista bohemio  cada tertulia, cada intento  de revolución.  Me hicieron más y menos pero allí allí  en esas nimiedades se quedó mi corazón    

El elefante en mi habitación

Hay un elefante en mi habitación, es grande, su cola sobresale por mi ventana, su larga trompa cruza las puertas hasta el pasillo. Su mirada me penetra, y no deja de seguirme en la habitación. Sus ojos son inquietantes, y aunque intento fingir que no está, me observa, en la profunda oscuridad de las noches. Hay un elefante en mi habitación, que no puedo evitar, me acompaña en las mañanas, tardes y noches, no dejo entrar a nadie por miedo a que lo vean, después de todo, no lo puedo sacar tan fácilmente de aquí. Quisiera sacarlo sin lastimarlo, pero no encuentro la manera. Ni siquiera sé cómo pudo entrar, es tan pesado, tan solo apareció y todo cambio. Hay un elefante en mi habitación, y me deja un profundo vació, no puedo disimular mi incomodidad. En el trabajo, en la universidad, en cualquier lugar que voy solo pienso en el elefante que me espera al llegar a casa. Mi habitación no estará sola nunca más, me acompañara la incomodidad, la angustia, las ansias de querer sacar aquel a...

Náufragos

Somos náufragos  de horizontes que ya no podemos encontrar. Somos náufragos  de paisajes que nunca volverán Somos náufragos  en un océano  de papel  Somos navegantes que viajan  sin rumbo  a mundos que van a desaparecer 

El Niagara pero sin la bicicleta

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Miguelangel Paris “Porque es muy duro pasar el Niagara en bicicleta...” pero es más duro atender a un enfermo sin siquiera unas gazas y alcohol. La Ciudad Hospitalaria Enrique Tejera, ubicada en Valencia, estado Carabobo, que de forma casi misteriosa representa casi todos los tópicos de los hospitales de Venezuela, tanto privados como públicos, es de esos hospitales que son solo usados como instrumento de campaña electoral y luego olvidado cual anciano en asilo.  Mientras veía como la luz de algunos pacientes se les iba de sus ojos el poco brillo que aún poseían, las enfermeras solo les decían “Tranquilo Bobby, Tranquilo”, de tierna y una forma quizás burlesca, para posteriormente comentar entre ellas lo que iban a comer en la noche con su familia. Sin embargo, otras enfermeras al terminar de “calmar” a los pacientes, salían de las salas con su perfume y velo de muerte dejando la sala impregnada de toda la negligencia que pueda existir y de una forma muy demoniaca posar para una fo...